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Islas
Caimán: Piratas a la vista

En uno de sus viajes por las aguas
caribeñas, Cristóbal Colón avisó islas inmersas en un mar de tortugas y
las bautizó Las Tortugas.
Unos capítulos de la Historia más tarde, los ingleses se
asentaron en el archipiélago dándole el nombre de Islas Caimán.
Hay que suponer que la población de
tortugas ya había disminuido y que la presencia de los reptiles marinos,
tipo iguanas y caimanes, se hacía más patente.
Entre estos dos episodios, los piratas se
apoderaron de las islas, aisladas, despobladas, generosas en agua y
cocos.
Lo que hoy en día es el refugio de los
banqueros y de las fortunas anónimas, era en aquel tiempo el paraíso de
Barba Negra y de su tripulación. Se supone que enterraban tesoros y que
bebían mucho ron.
Cada año, a final de octubre, los
habitantes de las islas reviven un típico ataque de filibusteros. Los
americanos del norte, expertos en espectáculos a gran escala, prestan
sus especialistas que se balancean entre las cuerdas de las carabelas en
los mástiles de las cuales ondean las calaveras de rigor.
Las chicas del pueblo se ponen el parche
negro sobre el ojo como si de una invitación ilícita se tratara.
El público respira hondo la atmósfera
festiva del día y no faltan modelos alegres para posar delante de las
antiguas casas de madera del puerto de Georgetown.
Muy de vez en cuando, surge una pirata
negra. Es que los negros nunca fueron mayoritarios en estas islas
pesqueras donde las plantaciones ávidas de mano de obra africana
brillaron por su ausencia.
Copyright texto
y foto: Nelisa |