9 Fotos que valen más que palabras Cuéntame tu viaje
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Canadá: La
Roca de Percé Percé es un pequeño balneario situado en la punta septentrional de la provincia de Québec, en Canadá. Frente a sus costas se irgue una señora roca que mide 438 metros de largo por 88 metros de altura. La bella no se avergüenza de su peso (400 millones de toneladas de silicato). Tampoco esconde su edad (375 millones de años) y no le molestan las cicatrices de los siglos: hace más de cincuenta años que se ha roto el arco que la unía a la tierra. Verla a la luz rojiza del atardecer es un privilegio. Nunca desilusiona a sus admiradores. Dos veces al día, al ritmo de la marea baja, las aguas se retiran y dejan pasar a los amantes liliputienses que se acercan a sus pies par tocar su vestido calcáreo. Su cortesano más fiel se llama Jean Guy. Se define a sí mismo como una especie de artista nómada. Lleva un sombrero de copa que se parece a un voluminoso hongo cuyo color sintoniza con la tonalidad de la piedra. Tiene la piel excesivamente coloreada y la mirada más limpia que un cielo despejado después de una tempestad. Se queda sentado todos los días delante de la roca, su fuente de inspiración, esperando a que las olas se abran para empezar a crear para los turistas. Con una diminuta sierra, modela trozos de piedra y cada diez minutos nace entre sus dedos una nueva roca, tan suave como el talco. Es chiquitita pero igualita a la gran dama que le sirve de modelo. Si Jean Guy tiene suerte, vende su obra a un estadounidense de Chicago o de Nueva York, pero dice que son clientes difíciles. “¡Los americanos de al lado son más exigentes con sus compras que con su comida!” explica con una sonrisa. No le importa. En el fondo, está aquí para respirar el mar y sentir el pulso de la vida. Haz mi un favor, ¿quieres? Si todavía está cuando pases por Percé, acércate y salúdale de mi parte. Copyright texto y foto: Nelisa |
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