Nigeria: Lagos

Sus aguas no son ni dulces ni saladas, más bien amargas. Sus facetas
múltiples:
Enciclopédico.
Nada de grandes lagos canadienses ni de refrescantes
lagos alpinos sino el nombre de una ciudad nigeriana en África
occidental. Este puerto amarrado en el golfo de Benin hospeda la
bagatela de cinco millones de habitantes.
Instructivo.
Para deshacerse de un policía poco escrupuloso, hay que
salir de la isla, cruzar un puente y acabar en una comisaría donde se
abona un peaje para recobrar el derecho a libremente.
Peligroso.
Cuando una pandilla de chavales con ganas de diversión
barata sacude el coche, máscale pisar a fondo el acelerador y no hacer
preguntas.
Etnográfico.
Un hombre de raza negra y nacionalidad nigeriana puede
explicar con buen humor que tuvo que hacer pequeños regalos a su futuro
suegro para conseguir la mano de su esposa: “Dinero… cosas para la casa…
cosas así…”
Estético.
La ciudad se visiona a dos niveles:
- Desde el hormiguero de los barrios más populares
donde los puestos ambulantes pelean el espacio vital con los microbuses
que intentan abrirse un camino entre la muchedumbre.
- Subido en las azoteas de los hoteles de lujo que
compiten en altura con los rascacielos de las zonas más adineradas.
Turístico.
Al lado del puerto se estiran hileras de playas donde
los nigerianos se mojan sin desvestirse. Comentan que las olas son
peligrosas y que las leyes del Corán no aconsejan exhibirse en público.
Fotográfico.
Cerca del teatro nacional, una joven estudiante en
artes escénicos acepta posar varias veces para el fotógrafo. Se negocia
el precio de la faena. El elige el lugar, ella la ropa. Es la cara más
agradable del viaje.
Copyright texto
y foto: Nelisa |