9 Fotos que valen más que palabras Cuéntame tu viaje
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Paraíso
caribeño
Imagínese la naturaleza vestida con su traje de luces (mar turquesa, aguas cristalinas, arenas de oro, y sol fulgurante), los vientos alisios cargados con olores a vainilla, canela y nuez moscada, y el joyero vegetal desplegando cocoteros, plataneros y orquídeas. Quizá así se imprima en su mente el decorado estereotipado del mar del Caribe, con su polvoreo de islas hermosas igualitas a las que salen en los spots publicitarios. Es que precisamente, los modelos van al Caribe para aparecer en los posters de vacaciones paradisíacas. Si el paraíso existiera, a lo mejor estaría por allá. Los geógrafos precolombinos imaginaron un mundo de islas hipotéticas más allá de la no menos legendaria Atlántida. Lo llamaban “Antilia”. Colón les dio la razón, las Antillas existían. Flotan entre el océano Atlántico y el mar que lleva el nombre de los caribes, el pueblo que más se resistió a la conquista (“karib” es una palabra indígena que significa rebeldes. Para Colón que buscaba las Indias eran “indios” y también “pieles rojas” por la costumbre que tenían de untarse el cuerpo con un polvo vegetal rojizo para protegerse de los mosquitos. La tez del vendedor de caracoles que se acercó a nosotros evocaba más el tono ambarino del bronce. Tenía una concha marina enorme en la mano y quería convencernos para que la compráramos. “La narre, écoutez la narre” (el mar, escuchad el mar) repetía suavemente. Nosotros apreciábamos de sobremanera la dulzura de su personalidad que daba auténtica calidez a la escena. Hacía su trabajo de vendedor sin agobiarnos y mientras escuchaba cómo la concha amplificaba el eco de las pulsaciones de su propia circulación sanguínea, sus labios cantaban un leitmotiv criollo cien veces escuchado: “La Guadaloupe souyète zot on bon vakans de rèv” (Guadalupe os desea unas vacaciones de ensueño). Copyright texto y foto: Nelisa |
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