9 Fotos que valen más que palabras Cuéntame tu viaje
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Cuba: fiesta rumbera Lejos de las playas, Holguín transpiraba el calor tropical que sube hasta las alturas. El programa del mediodía anunciaba un espectáculo servido como aperitivo. Un grupo de bailarinas hizo su número acompañado por una banda local. Un diversión cien por cien turística pero no siempre puede haber una auténtica fiesta popular en el itinerario. Después de la función, para no desentonar, los músicos hablaron de música afrocubana. Nos explicaron cómo los cubanos tienen un sexto sentido para inventar instrumentos donde los demás sólo ven trastos. En Cuba, la necesidad y la imaginación hacen buena pareja: legumbres, cajas, latas, cucharas, todo sirve. Añaden las voces, las patadas y las palmadas. No hay que ser perezoso con el cuerpo para mejora el ritmo. Todo vale excepto silbar. Según una vieja creencia popular, los chiflidos despiertan a los muertos. ¿Será eso cierto? Sólo puedo afirmar que nos lo hicieron creer. Habían traído un tambor, una trompeta y un contrabando, instrumentos de herencia bien europea. También había maracas, estas calabazas llenas de piedritas que llevan el mismo nombre que dan a los pechos de las chicas. Se reían. También nos hablaron del catá, un tambor muy sencillo hecho con un tronco ahuecado y cuya resonancia evoca las vibraciones ultra oceánicas del tam-tam. Les contamos nosotros que según un especialista en musicología, los cubanos tocan para el dios Pan, un cabrito divino que lo da todo a la música: sus huesos para pitos, su quijada para carracas, sus cuernos para trompas, sus pezuñas para cascabeles, sus tripas para las cuerdas, su vejiga para zambombas y su pellejo para tambores. Se rieron. Luego nos dejaron comer los platos sabrosos reservados a los turistas. A lo mejor algunos se quedaron para llevarse los sobrantes del festín... Copyright texto y foto: Nelisa |
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