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Australia:
Los territorios del Norte

La negritud de la tez de los nativos australianos
puede ser sorprendente. Si no fuera por el destello de un flash en la
pupila, o la blancura dental de una sonrisa, podría resultar difícil
identificar los rasgos de algunos aborígenes.
El artesano de nuestro retrato fotográfico
fabricaba estas flautas tradicionales que producen una sola nota muy
tenebrosa. Las pintaba él mismo utilizando motivos zoomorfos que se
inspiraban en las leyendas de su tierra. Las vendía a los visitantes que
llegaban hasta su taller gracias a los guías profesionales que paseaban
a los turistas por el “bush” llano y inhóspito del norte de la isla
continente.
El guía que nos lo presentó se llamaba Hill
Harley. Nos enseñó las hojas del monte que se hierven para el té y que
saben a menta y eucalipto. Arrancó uno de los termiteros que invaden los
suelos arenosos y calientes para sacar un puñado de larvas que las
mujeres embarazadas transforman en un empaste que se aplican en el pecho
para enriquecer la leche materna. Pulverizó rocas ocres, amarillas y
rojas para pintar las paredes de las cuevas, al igual que sus
antepasados. Y para recompensar la buena conducta de los dos hombrecitos
que acompañaban nuestra expedición, apartó un poco de polvo natural para
maquillarlos.
A pesar de que los dos niños se llevaban
pocos años de diferencia, eran hijo y nieto de Hill. Los aborígenes
tienen un sistema de casamiento muy personal que permite a los hombres y
a las mujeres casarse varias veces. Al principio, los jóvenes se juntan
con personas mayores. Luego, a medida que van madurando, ganan el
derecho a elegir maridos y esposas cada vez más jóvenes.
A cada edad su novedad. A cada etapa de la
vida un placer renovado. ¿Qué le parece?
Copyright texto
y foto: Nelisa |