Inicio

1 Noticias

2 Grandes Viajes

3 Escapadas

4 Retratos

5 Estrellas

6 Comer a gusto

7 Jaque al viaje

8 Los viajes de Arti

9 Fotos que valen más que palabras

10 Palabras viajeras

Cuéntame tu viaje

Alors, raconte! 

What about your trip? 

Erzähl mal deine Reise!

Racconta il tuo viaggio 

Que tal el teu viatge? http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/international/newsid_3325000/3325905.stm

 

 

Google
          Espacio Google

Cuéntame tu viaje

 Perú: Encuentro con un policía


                                                                                                                 Perú, Cusco, Museo de Arte Regional

     A la entrada de Trujillo nos detenemos frente al puesto sencillo de un soldador, a unos metros de una rotonda. Queremos ir a Huanchaco, en la costa, pero los carteles sólo anuncian el camino al centro de la ciudad y a Chiclayo, a unos doscientos cincuenta kilómetros al norte. Demasiado lejos. El hombre deja de sacar chispas a un pedazo de fierro y nos indica el desvío de la izquierda con una sonrisa. Aquí cerca, después de Chan Chan, a unos cinco kilómetros. La gente del Perú suele ser terriblemente amable.

     Vuelvo a arrancar, cubrimos los cuatro metros que nos separan de la esquina y escuchamos el grito agudo de un silbato.

 

- ¿Y eso? –pregunta Ann.

- Ni idea. Esta vez no hicimos nada mal, ¿no? –pregunto recordando Puno mientras desacelero.

 

A unos quince metros hay una camioneta con suficientes luces de colores como para ambientar una discoteca, pero no hay policías en la calle.

 

- Na, ni bola –dice Anna. –Sigamos –y vuelvo a acelerar.

 

     Entonces vuelvo a oír el silbato. Sí, era para nosotros. Por la ventana de la disco camioneta sale un brazo azul indicando el lateral.

 

- ¡Qué huevos! –exclamo sorprendido. –¡Nos detiene sentado!

 

     Veinte segundos después un policía aburrido abre la puerta, se pone en pie con cansancio, se ajusta el pantalón, se cala el sombrero y camina despacio hacia nosotros. Parece un pistolero de Bonanza. Cuando llega junto a la ventana observo que tiene el rostro cruzado por las marcas de la varicela y la nariz roja. Sus movimientos están sensiblemente ralentizados, quizás por el alcohol, quizás porque es mediodía o porque aún nos está calando.

 

- Documentos –pide con sequedad.

- ¿Cuáles quiere? –siempre pregunto lo mismo.

 

     Es una estrategia para acotar la búsqueda, cada policía tiene sus propias preferencias. ¿Querrá el el permiso de conducir, el seguro, carnet de vacunación o la tarjeta del Corte Inglés

 

- Papeles del vehículo y carnet de conducir.

 

     Anna me alcanza el papel de importación temporal de la Mitsu y lo levanto frente a la ventana. El policía lo agarra, pero yo no lo suelto.

     ¿Recordáis a los Hermanos Marx, a Laurel y Hardy y a los Tres Chiflados, forcejeando por un pedazo de papel? El policía tira el papel para su lado, yo tiro para el mío. El policía me observa y vuelve a tirar para su lado, esperando que lo suelte. Pero no.

 

- ¿Puede soltar el papel? –pregunta sorprendido.

- No.

 

     Normalmente, los encuentros con la policía suelen ser un trámite. Decir ¿dónde van? ¿papeles? Y buen viaje es parte de su trabajo. No hay problema. Pero esta vez es distinto. La nariz roja, la actitud, el aire, su tono de voz… Los siete años de ruta han desarrollado un sexto sentido que capta pequeños gestos invisibles e involuntarios y los carga de sentido. Es en esos momentos cuando los encuentros con un policía sospechoso se convierten en un mano a mano de póker donde nos jugamos algo más que una coima.

 

     Nunca, en los siete años y medio de viaje, hemos cedido ante un policía corrupto. Nos han presionado en Argentina, Mozambique, Bolivia, Egipto y Tanzania. Y nunca, nunca, hemos sobornado a nadie para conseguir algo. Pero, alguna vez algo puede salir mal.

 

- Mire –le digo. – Usted tiene derecho a detener el vehículo en la calle y a pedirme los documentos, pero no tiene derecho a exigirme que se los entregue. Lo dice la ley. Yo no tengo la obligación de dárselos, sólo tengo la obligación de enseñárselos.

- Yo soy policía y usted tiene que respetarme.

- Por supuesto. Yo le respeto, pero no confío en usted. Usted estaba sentado en su camioneta, no estaba en la calle deteniendo vehículos para hacer su trabajo. Cuando nos detuvimos a preguntar direcciones vio que la matrícula de la furgoneta es extranjera. Por eso nos detuvo.

- Déme su permiso de conducir.

 

     Le enseño el carnet español. Hace años que viajamos sin el permiso internacional de conducir. Sería recomendable, pero vencen al año y el nuestro venció en el 2001. Los gobiernos de Sudamérica, a diferencia de África, aceptan el carnet expedido en tu país de origen si estás de paso. Intenta tomarlo, pero tampoco lo dejo.

 

- ¿Puede soltarlo?

- No, ¿para qué lo quiere?

- Tengo que ir a mi camioneta a verificar en mi cuaderno si su vehículo está requerido.

- Traiga su cuaderno.

- No, déme su documento.

- Mire amigo –le digo –usted lo que quiere es una coima.

 

     Tenemos todo en regla, siempre tenemos todo en regla. Usted vio un vehículo extranjero y quiere dinero. Y no lo va a conseguir. ¿Cuál es su nombre? –continúo mientras observo su sorpresa. Gol, lo agarré adelantado. –¿Herrera, como dice su uniforme? Somos amigos del General Ruiz, jefe de la policía del departamento de Ancash. Nos pidió que si teníamos un problema, habláramos con él. Anna, apunta el nombre de este señor. Cuando entremos a la ciudad llamaremos al General Ruiz a Huaraz.

 

- Yo no les pedí ninguna coima.

- Pero va a hacerlo. ¿Por qué nos detuvo? Usted estaba dentro de su camioneta, no estaba controlando el tráfico.

- ¡Usted me está faltando el respeto! ¡Está faltando el respeto a la policía de Perú!

- Y usted no debería estar vistiendo ese uniforme. Usted le está faltando el respeto a la policía de su país.

- ¡Váyanse!

- El general se va a enterar de esto –asegura Anna pellizcándome el brazo.

 

     Hasta ese momento no habíamos tenido problemas con la policía de Perú. Cinco meses atrás entramos al país con prejuicios hacia las piedras voladoras que se estrellan contra los parabrisas y hacia la corrupción oficial. Nos habíamos equivocado en las dos, aunque nuestros amigos peruanos aseguraban que todo el dinero que no les sacaban a los extranjeros, se lo sacaban a los locales. Es probable, pero con nosotros se habían portado bien.

 

- Que heavy que vamos –dice Anna cuando arrancamos. –¿No deberíamos bajar el perfil? –pregunta Anna mientras nos alejamos.

- Lo vi, Anna, lo vi. Te lo juro. Este tipo era un coimero y nos iba a inventar algo. Le vi la pluma… nacer en Argentina tiene que servir para algo…

 

     ¿Inventar algo?… bueno, supongo que sí, aunque ahora recuerdo lo que nos pasó hace dos meses en Juliaca, capital del departamento de Puno, junto al lago Titicaca. Habíamos huido de un policía a pie que dirigía el tráfico en un cruce de calles. Quizás sí estemos requeridos por la policía: SE BUSCAN DOS GRINGOS EN UNA FURGONETA RARA Y EXTRANJERA MARCA MITSUBISHI.

     Pero eso va en la próxima historia.

 

     Va por todos los amigos conocidos y desconocidos de Perú que no pueden quitarse de encima a los policías corruptos de su país. No son todos así, pero que los hay, los hay.

        Extracto del Blog de Viaje de Anna y Pablo (13-02-08)

 www.4x4x4continentes.com
www.viajeros4x4x4.wordpress.com    

 

Espacio reservado