Turismo blanco sobre fondo negro

He aquí una imagen impactante al
estilo de los polémicos carteles de Benetton: sobre un fondo
negro que evoca muchas cosas salvo la nieve, un feto
está desarrollando unos pies larguísimos como si fueran embriones de
esquís. De las manos ya le han crecido un par de apéndices en forma
de bastón que la madre naturaleza parece tolerar aunque sabemos que
odia las líneas rectas.
Todo el
mundo reconocerá una de las fotos uterinas que la tecnología de
ciencia-ficción nos regaló hace unos años. Arriba de la foto
manipulada, un eslogan anuncia "¡Es genético!". Y arriba del todo,
se puede leer "Les Angles", el nombre de la estación de esquí
catalana que ha creado esta imagen. Se trata pues de la portada
de un folleto sobre los deportes de invierno de un pueblo de la
Cataluña del Norte situada en la franja francesa de los Pirineos
orientales. Un pueblo que se ve afectado por los cambios climáticos que
padecen las estaciones locales en los últimos años.
La falta de
precipitaciones en forma de nieve les obliga a comprar más cañones para
fabricar una nieve artificial que consume agua y energía, dos
recursos igualmente valiosos hoy en día. Todo el mundo
quiere minimizar los gastos para que la nieve genere ingresos
rentables y que las infraestructuras de invierno impliquen
inversiones sostenibles, con lo cual se suele enfocar el
asunto en términos puramente económicos. Lo que esta imagen
sobrecogedora intenta decirnos sin embargo, es que más allá de los presupuestos
existe una problemática humana aún más importante.
De la nieve
viven muchos pueblos como Les Angles, pueblos que no quieren olvidar que son,
siempre han sido y siempre serán pueblos de montaña. Mucho antes del
boom del turismo blanco, la nieve era parte íntegra de su
vida cotidiana. No nacían literalmente con los esquís puestos, tal
como lo sugiere la imagen del folleto pero, hace mucho tiempo, los
niños ya pisaban la nieve para ir a la escuela, los médicos
necesitan esquís para visitar a sus pacientes y los carteros
repartían el correo con las raquetas puestas.
Poner freno
a la expansión de las pistas de esquí quizá sea una necesidad
irreversible pero costará convencer a los jóvenes para que
abandonen la nieve a nivel profesional y renuncien a los sueldos que
conlleva la temporada de esquí. ¿Reconvertirse para volver a la tierra con sus
jornadas de 15 horas de faena? Para muchos, la salvación
sencillamente está en la diversificación. La belleza de la montaña,
los deportes veraniegos, la gastronomía y la cultura son pilares
indiscutibles que contribuyen al desarrollo de la región. La Unesco acaba de dar un empujón al País Catalán al añadir
Mont-Louis y Villefranche de Conflent (dos pueblos fortificados por
Vauban que conservan sus murallas y su legado
histórico) a su lista del Patrimonio de la Humanidad.
Y como no
hay mal que por bien no venga, la próxima temporada de nieve
intentará sacar
provecho a la crisis económica y a los nuevos hábitos de los
consumidores. Ya que nadie desea renunciar a las escapadas de ocio,
tendremos que esforzarnos para gastar menos, reduciendo por
ejemplo los costes de transporte. Las nueve estaciones que conforman
"Las Nieves Catalanas" (Cerdagne Puigmal 2900, Espace Cambre d’Aze,
Font-Romeu, Pyrénées 2000, Formiguères, La Quillane, Les Angles,
Porte-Puymorens et Puyvalador) tienen la ventaja de estar muy cerca
de los esquiadores catalanes y este año, además, las tarifas de los
forfaits serán un 15% más baratas que el año pasado. Una
invitación como es debido.
Nelisa (23-10-2008)