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Suomi: A la luz de la luna
El termómetro marca veintinueve grados bajo cero en la Laponia finlandesa. Estamos al sur de Ivalo, en el hotel Kakslauttanen que bordea el río homónimo. Los clientes descansan tras las actividades deportivas del día. Cuando aparezca una aurora boreal, una campana tocará un despertar general. Los ocupantes de las cabañas de madera se asomarán a las ventanas arriba de la cabecera de sus camas. Para disfrutar del espectáculo, los ocupantes de los iglús tradicionales deberán renunciar en plena noche al calor de los gruesos sacos de dormir capaces de resistir temperaturas polares. Los privilegiados instalados en los iglús de cristal sólo tendrán que alzar la mirada hacia la cúpula celestial. Espaciosos (5 m de diámetros por 2,5 m de altura), calentitos (temperatura constante de 21o), cómodos (agua corriente y baño individual), los iglús cristalinos gozan de una vista panorámica insuperable gracias al vidrio térmico que sustituye los clásicos bloques de hielo. Cuando las luces interiores se apagan, la naturaleza invade el campo visual. La estructura metálica de las paredes transparentes arma un gran tablero geométrico que enmarca la carrera de la luna. Colmo de la sofisticación: dos mandos a distancia permiten inclinar las camas para no perderse un ápice del paisaje. El dulce problema de los observadores más afortunados consiste en resistir al sueño y no caer en los brazos de Morfeo. Si el tiempo cambia repentinamente - como es habitual en estas latitudes – el cielo se vuelve a vestir de luto y espolvorea blancura sobre la redondez de la vivienda esquimal. A la mañana siguiente, la nevada ha transformado el iglú en un huevo cuya cáscara se rompe a medida que las placas de nieves e deslizan sobre el vidrio caliente. El nuevo día empieza con un desayuno digno de Gargantua: pescado blanco crudo, condimentado o ahumado, embutidos variados servidos sobre un lecho de rodajas de tomates y pepinos, cereales sumergidos en un baño de yogurt. Conviene almacenar calorías para enfrentarse a las actividades de una jornada dedicada a la pesca en el hielo, salidas en motonieve, excursiones en trineo tirado por renos o perros huskies, o simplemente al esquí de fondo. El señor Jussi Eiramo, dueño y artífice de los iglús de cristal, saluda a todos sus huéspedes, aceptando sin falsa modestia los elogios sobre temas de originalidad y calidad. Con una sonrisa explica que “para hacer buenos negocios siempre hay que ser el primero. Así de sencillo.” Luego se despide no sin haber avisado antes a cada uno de sus clientes de la hora de salida de sus respectivos safaris. Copyright texto y foto: Nelisa
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