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Francia: el Castillo de Plessis En cuanto se escucha un ruido de coche en el jardín, Valérie Benoist sale a recibir a sus huéspedes. Este gesto de cortesía que privilegia el contacto personal, se ha transformado en una regla de oro para todos los miembros de la Asociación Bienvenue au Château (Bienvenida al castillo). La morada se enorgullece de haber sido construida entre los siglos XVI y XVIII sobre fundamentos medievales aunque se parece a una gran mansión cuyo torreón le otorga su título de castillo. El castillo de Plessis está en Anjou, a 30 km al norte de Angers, en el pueblo de La Jaille-Yvon. Se halla a orillas del río Mayenne que junta sus aguas con los ríos Loir y Sarthe para formar el río Maine que desemboca en el Loira que a su vez acaba en el Atlántico. De allí el nombre de esta región turística bautizada Loira-Atlántico. Heredado de un tatarabuelo vasco, el castellano de nuestra anfitriona es impecable. Se disculpa por el desorden inusual del césped donde se ven esparcidos juguetes, lápices de color, libros y papel de regalo destripado. Uno de sus hijos cumple años y el parque resuena con gritos de niños. En el corral, un grupo de peques persigue una pareja de ocas asustadas, mientras una niña da el biberón a dos ovejas hambrientas. Imperturbables, cuatro amigos más mayores charlan a la sombra de unos árboles centenarios. El resto de los invitados se ha juntado alrededor de la piscina. Encantados de sentir el pulso de una fiesta familiar, descubrimos el castillo que será nuestro hogar para una noche. La Sra Benoist nos conduce a una habitación, amplia, luminosa y perfumada por un enorme ramo de junquillos. Antes de despedirse, nos convida a un brindis en el salón, al lado de la sala de billar. Un kyr en la mano (la mezcla de vino blanco con crema de arándano proporciona el aperitivo más popular de Francia), la castellana nos cuenta la historia de la propiedad que pertenece a su familia desde hace más de trescientos años. Confiscada en tiempos pasados por culpa de un antepasado que participó en una rebelión local contra la Revolución Francesa, la casa fue restituida a sus dueños después de una amnistía imperial dictada por Napoleón. Antes de cenar a la luz de las velas, tenemos tiempo de enterarnos de algunas de las actividades propuestas en el castillo: excursiones a caballo, en bicicleta o en canoa, montería organizada para cazar el ciervo, visitas de un acaballadero nacional, paseos fluviales por el río Mayenne, cursillos de cocina y de restauración de cuadros, o vuelos en globo desde el jardín para descubrir los castillos del Loira desde el cielo, si la climatología colabora. Y si uno no se lo puede permitir todo, queda el resto de la noche para soñar con ello. Copyright texto y foto : Nelisa |
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