9 Fotos que valen más que palabras Cuéntame tu viaje
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Ni ganga ni trampa
Combinando avión y hotel, seis días en Venecia para Carnaval costaban entre 70.000 y 160.000 pesetas (entre 1.000 y 2.500 euros). En autobús, había ofertas a partir de 35.000 ptas (unos 500 euros). Reventando precios y viajeros, un fin de semana podía valer 14.000 ptas (un poco más de 200 euros). Os podéis imaginar, pues, el efecto que producía un anuncio que prometía el carnaval veneciano por 7.900 ptas (a penas más de 100 euros). Por este precio no se esperaban maravillas. Salida de Barcelona el viernes a las 20h, noche del sábado en un hotel, regreso a Barcelona el lunes a las 8h. El programa garantizaba que se podría ver algo del carnaval. Estábamos conformes. Cuando faltan tiempo y dinero, sobran las ganas. El viaje fue épico. Al ver el trasto de autobús que llegó con una hora y media de retraso, tres viajeros se echaron atrás. Se despidieron afirmando que habían recuperado parte del dinero. En el autobús, una colla de madrileños ya había empezado a mezclar el whisky con la coca cola. Un maldito vídeo dictaba sus mandamientos y no había manera de pegar ojo. El frío hacía olvidar la incomodidad de las posturas. Más valía no mover un dedo para no destaparse. Un grito de protesta fue mi último recuerdo antes de dormirme: alguien había tenido la osadía de quitarse los zapatos y una nariz sensible se estaba rebelando. En el tramo de carreteras italianas, el chófer se equivocó de camino. Su acompañante tampoco parecía tener mucho sentido de la orientación leyendo un mapa de carreteras y entre pitos y flautas, perdimos dos horas más. La llegada prevista a 14h se hizo realidad a las 17h30. El cielo invernal ya empezaba a vestirse de noche. La Plaza San Marco nos estaba esperando. Elegante, acuática, mágica, la plaza-escena parpadeaba como una estrella bajo los flashes de las cámaras. Los dominós escarlatas, los trajes abigarrados y los rombos multicolores aún deambulaban con lentitud en busca de admiradores. No cabe duda de que la ciudad donde las palomas caminan y los leones vuelan, como dijo Jean Cocteau, es el paraíso eterno de los fotógrafos. A media noche, el autocar vino a recogernos en el inmenso parking que sirve antesala al espectáculo veneciano. La espera fue larga. A esta hora, la mayoría de los bares ya estaban cerrados. Agotados, nos enteramos de que el hotel estaba a ¡50 km! Dos horas más tarde, aún estábamos discutiendo en el hall del hotel sobre cómo repartir las parejas en habitaciones de tres. Divina comedia. El programa pretendía hacernos desayunar a las diez, acercarnos al carnaval a las once y dejarnos menos de dos horas antes de regresar a España. ¡Ni pensarlo! A las seis de la mañana ya estábamos esperando un autobús de línea regular frente al hotel. Nos llevó a Venecia a tiempo para la campanada inaugural. Con la bendición del sol, la ciudad laguna ya exultaba en este día reservado a la ilusión y la apariencia. Al día siguiente, llegamos molidos pero contentos siempre y cuando no tuviéramos que repetir la experiencia de un viaje tan desorganizado. Copyright texto y foto: Nelisa
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