9 Fotos que valen más que palabras Cuéntame tu viaje
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Pinchazo aéreo
Algunos dicen Fun City (la Ciudad de la Diversión), otros Sin City (la Ciudad del Pecado). En realidad, el Las Vegas sudafricano se llama Sun City (la Ciudad del Sol). Las salas de juegos y las piscinas de este oasis artificial brotan entre la nada polvorosa y un gran parque nacional que propone safaris en globo. La oferta era atractiva y nos apuntamos. El vuelo salía a las cinco de la mañana y Miss Puerto Rico aún estaba medio dormida cuando el jeep del safari nos recogió delante del hotel. No había sido elegida Miss Mundo pero se lo pasaba muy bien en compañía de su “mamaita”. Era joven, morena, delicada y sonriente como era de suponer. Llevaba tacones finos y una blusa muy ligera que nos pareció poco apropiada para la expedición del día, pero nos aseguró que no era friolera. Antes de despegar, nos reímos mucho por el documento que nos hizo firmar el piloto: “En caso de aterrizaje forzoso”, blablabla, “no se responsabiliza la compañía”, blablabla. La perspectiva de caer en medio de una manada de leones nos hizo mucha gracia. Al principio el vuelo fue más bien aburrido. No se veían más que jirafas y cebras muy chiquititas y casi aplastadas por la distancia. De pronto divisamos un león. Al intentar seguirle la pista, el piloto se descuidó, o se arriesgó, no lo sé, y se acercó peligrosamente a una colina. El resto pasó muy rápido. El piloto quiso coger altura para evitar el obstáculo y le dio más gas a la máquina. Se alargó la llama que se dejó torcer por el viento y quemó un trozo de la lona del globo. El piloto nos tranquilizó. Lo tenía todo controlado, decía. Había que subir más avisar por radio al coche de apoyo del lugar donde íbamos a aterrizar. A medida que nos elevamos, nuestra simpática Miss Puerto Rico se puso más blanca. Más congelada que asustada, o por el menos eso pretendía hacernos creer, se arrinconó en la barquilla de la mongolfiera y empezó a temblar. El piloto también parecía alterado. A lo mejor pensaba que una clienta en transe con dos periodistas a bordo no era cosa buena para el negocio. Por si fuera poco, el coche de rescate le acababa de comunicar que, por culpa de una huelga sorpresa, el vehículo no podría salir del parque por la puerta prevista y que tendrían que dar una vuelta larguísima para recogernos. Además, al perder el contacto, iban a tardar horas en localizarnos. Pero cada cosa en su tiempo. Por ahora, lo importante era tocar tierra evitando ser recibido por una fauna poca grata. Nos pusimos todos a vigilar si veíamos fieras, y al final, caímos suavemente en medio de una propiedad privada. No tuvimos tiempo de alegrarnos al darnos cuenta de que el solar estaba totalmente cercado con alambre. Nuestra Miss había recobrado la sonrisa aunque, a regañadientes, tuvo que descalzarse para no quedar clavada en la tierra blanda del monte. Luego tuvimos que buscar a alguien con una llave para abrirnos el portal. No fue fácil. ¡Costó aún más tiempo y dinero encontrar un coche dispuesto a cargar a cinco blancos haciendo dedo en pleno desierto! Pero al fin y al cabo, nos divertimos bastante y sería injusto decir que el incidente nos pinchó el globo. Copyright texto y foto: Nelisa |
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