Inicio

1 Noticias

2 Grandes Viajes

3 Escapadas

4 Retratos

5 Estrellas

6 Comer a gusto

7 Jaque al viaje

8 Los viajes de Arti

9 Fotos que valen más que palabras

10 Palabras viajeras

Cuéntame tu viaje

Alors, raconte! 

What about your trip? 

Erzähl mal deine Reise!

Racconta il tuo viaggio 

Que tal el teu viatge? http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/international/newsid_3325000/3325905.stm

 

 

 

Google
          Espacio Google

Jaque al Viaje

Un baño de risa

     

Bañarse en el Mar del Norte en pleno mes de marzo parecía ser un asunto de locos. A lo mejor era una especie de bautizo, una novatada para los turistas que viajaban por primera vez a bordo del Sampo, el único rompehielos turístico del mundo que zarpa todo el invierno desde el puerto finlandés de Kemi. Un chiste de bienvenida para romper el hielo enseguida. 

El capitán nos había dado una pequeña charla sobre rompehielos y sus imágenes eran fáciles de visualizar. Según había entendido, el rompehielos corta el hielo como lo haría un cuchillo. La proa se levanta ligeramente y el barco deja caer su peso sobre la banquisa que se rinde en el acto. En vez de enfrentarse a 140 km de resistencia horizontal, sólo tiene que romper 18 metros de grosor.  

Lo que nos contaba  el capitán demostraba que era un hombre sensato. ¿Entonces, porqué todo este rollo del baño en el mar helado? Zambullirse con la ropa puesta, además. Sólo había que quitarse los zapatos. Me parecía una broma pesada.

Por si fuera poco, pretendía alimentarnos como para mejor electrocutarnos. Para la última comido de los condenados, nos sirvieron una sopa de salmón mojado en un plato de leche. Sorprendente pero delicioso. De pronto volvió el buen humor.

En la mesa, un experto dibujó la silueta del rompehielos para demostrar gráficamente que nuestro barco no tenía quilla. No flotaba tan bien, explicaba. Pero cortaba de maravilla. Decía que el barco se aguantaba parado gracias a la presión lateral del hielo, de la misma manera que el pastel mantiene el cuchillo en equilibrio sobre su filo. Y cuando añadió que  lo íbamos a ver todo mejor desde el agua, me vino otro escalofrío.

 Una chica rubia, obviamente más razonable que la mayoría de nosotros, se quedó a bordo del Sampo y nos miró bajar la escalera, enfundados en enormes trajes de supervivencia que ponían traba a cada movimiento. Formábamos una divertida hilera de pingüinos rojos y patosos.

 En la inmensidad blanca del golfo de Botnia, la hélice del crucero había abierto una mini piscina en la costra congelada. Un observador finlandés, vestido como mandan veinte grados bajo cero, no miró con ironía.

-  ¿Usted no se baña? Pregunté con la agresividad de los débiles.

-   ¡Qué va! Yo soy de aquí, no tengo porqué hacerlo.

      O sea que los tontos éramos nosotros, los turistas…

      Pero me equivocaba. Vencida mi resistencia, superé el susto de la inmersión. Comprobé que no me había mojado y me relajé un poco. Experimentaba una dulce sensación de bienestar. Al mismo tiempo, sentía crecer una euforia compulsiva que me hundió en un baño de hilaridad. Al final, durante unos instantes, logré estirarme en esta inmensa cama que tenía un colchón de agua muy fría y floté feliz.

 

                                                 Copyright texto y foto: Nelisa