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Jaque al Viaje

 Por cortesía

 

     ¿Vacaciones o negocios?

     Siempre hemos tenido la misma duda al indicar el motivo de los viajes de prensa en la ficha de policía que reparten en los aviones. Tachar la casilla “negocios” podría conducir a un malentendido, con lo cual parece que un profesional del turismo siempre está “de vacaciones”.

     Y por si fuera poco, más de una vez hemos viajado invitados. Habría que ser muy caradura para discutir el increíble privilegio de los afortunados que viajan “por cortesía” de una oficina de turismo, de un turoperador o de una cadena de hoteles. No obstante, la intervención de una tercera parte en la organización del trabajo puede causar situaciones graciosas.

     Una vez perdí el avión entre Barcelona y Madrid por no llevar pasaporte. ¡A que no se lo cree! No sabía que la reserva se había hecho sobre un vuelo internacional cuyo origen era la capital de un país no comunitario. Ni siquiera aceptaron la residencia que en aquel entonces era el documento oficial de un extranjero en territorio español. Parece ser que no valía un pepino si no iba acompañado del pasaporte. Si la agencia que emitió el billete avisó al comprador, no lo sé, pero al destinatario final ¡ni puñeta! 

     El vuelo con Air New Zealand, por lo menos, sí que tuvo arreglo. La compañía aérea neozelandesa nos había proporcionado dos billetes reservados al cupo de prensa. Al registrar el equipaje, nos dimos cuenta de que teníamos asientos en primera clase. Para un viaje de tan larga duración era de agradecer. Al embarcar, sin embargo, nos miraron de mala manera antes de apartarnos para notificar a Nelson que no podía subir a bordo ¡sin corbata!

     La explicación de este lío era simple. Nuestros billetes correspondían a la tripulación de la compañía aérea. La condición muy estricta para hacer uso de este privilegio era no dañar de ningún modo la imagen de la compañía. Llevar una corbata, pues, era uno de los requisitos. Nos cogieron desprevenidos, con las maletas ya en la bodega del avión, y tuvimos que conformarnos con viajar en segunda clase. A caballo regalado no se le mira los dientes… 

     Algo parecido ocurrió en Hong Kong donde estábamos alojados en el hotel Mandarín. Un hotel de gama muy alta donde la bata y las zapatillas esperaban en el baño, el paraguas cuelga en el armario, y sobre la mesa, hay tarjetas de visita personalizadas, un ramo de flores y una bandeja de frutas. Lujo a discreción.

      A la hora del desayuno, bajamos al restaurante donde nos  esperaba un desayuno digno de las tarifas del hotel. Pero nuestra sorpresa fue mayúscula cuando vimos que prohibían la entrada a los caballeros que no llevaban ¡zapatos de cuero! Las bambas y los tejanos estaban vetados sin consideración por los precios, a veces elevados, de estas prendas. La situación no tuvo arreglo y nos indicaron otra sala, menos sofisticada, donde pedir un desayuno continental. ¡Menuda frustración! 

     Eso pasa por falta de información aunque hasta el día de hoy no me consta que los clientes que pagan más de 150 euros una noche de hotel lleven necesariamente zapatos de charol.


                                                     Copyright texto y foto: Nelisa