9 Fotos que valen más que palabras Cuéntame tu viaje
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¡Viva el camping!
Un proverbio alemán afirma que el bagaje más pesado para un viajero es la bolsa vacía. Parece absurdo pero tiene sentido. Piense que cuando no hay un duro para pagar el hotel, conviene cargar la mochila y llevarse la tienda a cuesta. La más ligera no alcanza los dos kilos, pero a pie o en bici, acaba pesando toneladas. Porque si el presupuesto da para acampar no más, a lo mejor, también será preciso caminar o pedalear. Aunque sea por necesidad económica, montar y desmontar la tienda añade al viaje un no sé qué de placer masoquista. Las pruebas empiezan con la elección de la parcela donde acampar. El primer requisito es la sombra, para que el sol no haga oficio de despertador, pero guardando un rincón soleado para secar la ropa mojada que acaba apestando. Es preciso que haya un buen colchón de hierba para que las piedras no se cobren la mejor parte de la noche (cuidado con las hierbas altas que son el refugio predilecto de los animalitos indeseables). Conviene estar cerca de los baños para poder salir gateando sin tener que vestirse. Pero no demasiado cerca para evitar los olores molestos. Viene bien instalarse cerca de una farola, para ver en la oscuridad sin necesidad de encender una linterna, aunque los mejores alumbrados también espantan el sueño. En fin, nada es perfecto. Por encima de todo, la acampada acuña las leyes naturales más evidentes: - Que el agua moja (es más evidente dentro de una tienda de campaña que detrás de una ventana). - Que los pájaros cagan (debajo de los árboles, el frescor de la sombra tiene un coste añadido). - Que los insectos hormiguean (suelen festejar con los restos de la comida). - Y que los perros ladran, los niños lloran, los padres gritan, etc… A pesar de todo, en cada tienda, hay un niño feliz que se siente tan libre como el rey de la selva. Copyright texto y foto: Nelisa
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