Obviamente abundan los puntos de gran espectacularidad visual por la belleza de las montañas. No faltan los picos nevados, las gargantas alucinantes o las cascadas en sus fundas boscosas. Impresionan también algunos lugares que destacan por la dificultad del trazado de la vía férrea debido a los obstáculos de la orografía alpina.
Pero el sitio más curioso, sin duda, es un tramo soportado por una hilera de arcos que esbozan una espiral. Los expertos lo llaman un viaducto helicoidal. Se sitúa en Brusio, Graubünden, y permite el paso del Bernina Express que circula de Coira a Tirano. Es una obra de ingeniería maestra (en la foto sólo se aprecia una parte de la original construcción) aunque a primera vista cuesta entender la necesidad técnica de tanta complicación.
Puedo garantizar, sin embargo, que fotografiar los trenes suizos es un objetivo de lo más entretenido. Primero hay que localizar los puntos de interés dando unas cuantas vueltas muy escénicas. Luego hay que encontrar el lugar idóneo para el fotógrafo. Con lo cual, a veces, es preciso trepar un poco en plena naturaleza para alcanzar el ángulo deseado para sacar la foto.
Finalmente, "sólo" queda esperar. Los trenes de los suizos son tan puntuales como sus relojes y con un buen horario en mano, la dificultad es mínima aunque esperarlos en medio del recorrido requiere algo de paciencia. Lo más difícil es la toma fotográfica a la salida de un túnel que reduce la visibilidad y amortigua el aviso sonoro de la llegada del tren. Así que a menudo, uno pierde el tren y debe esperar el siguiente calculando con exactitud el tiempo de paso en función de la diferencia de salida con el tren anterior.
Por suerte, pasan muchos trenes. En buena compañía, y con reservas de bebida y comida, la espera se hace divertida. Incluso, uno acaba entendiendo porqué las vacas parecen pasárselo tan bien cuando miran pasar los trenes, y de allí quizá lo de la vaca que se ríe...
