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España: El balneario natural del Mar Menor El Mar Menor, en Murcia, acoge a diario su cuota de cuerpos dolidos que buscan alivio. Desde siempre, el sol y la sal han propiciado la formación de lodos idóneos para tratamientos terapéuticos. Ricos en calcio, magnesio, potasio y flúor, los limos y arcillas tienen propiedades sedantes indudables. Dos o tres veces al día, los adeptos a los baños de lodo se embadurnan de barro y se aplican parches negros sobre las articulaciones castigadas por el reuma y la artritis. Pasean al sol con los brazos bien separados del cuerpo pegajoso intercambiando rumores para fortalecer su convicción de que si untarse el cuerpo del lodo no cura, tampoco daña. Comparan con inquietud el mapa corporal de sus dolencias, que se dibuja sobre las pieles desnudas. Dejan secar el lodo exponiéndose al sol y al viento durante una horita, y luego se lavan con agua salada. Nadie espera milagros pero se lo pasan en grande. Claro que los hoteles de la Manga ofrecen tratamientos similares en recintos especializados de una pulcritud irreprochable, pero no hay nada como caminar durante kilómetros y descansar al aire libre para estar en forma. Además, es gratis. Detrás del hotel Cavanna, entre los pinos y las sombrillas, un curandero ambulante llamado Honrado solía alabar los méritos de una receta de su invención para prolongar el beneficio de las curas. Amén de una retribución indeterminada, pedía que se le entregara un litro de alcohol de 90º y 12 aspirinas, que añadía a una mezcla secreta de algas. Dejaba fermentar la pócima un par de meses y el remedio estaba a punto para ser utilizado como lubricante en los masajes. Tenía fama de hacer maravillas, sobre todo para las finanzas de Honrado. Copyright texto y foto: Nelisa
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