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Alemania: los ninots de Hamburgo
Desde que Jacques Brel cantó “Quisiste ver Hamburgo, y vimos Hamburgo; quise ver Amberes, y volvimos a Hamburgo”, la cuidad-estado de Hamburgo ha saltado a la fama turística. Para refrescar su imagen acuática entre ríos, canales y lagos, la municipalidad ha decidido inundar el centro histórico con figuras de portadores de agua. Recuerdan tiempos pretéritos de insalubridad mortífera cuando las aguas sucias caían de los balcones directamente al río (Hamburgo no tuvo un sistema de alcantarillas digno hasta después del gran incendio de 1842 que arrasó con la ciudad). Durante siglos pues hicieron falta legiones de brazos para trajinar agua potable desde los pozos de las afueras. Quedan un centenar de estos trabajadores hechos de buen humor y fibra de vidrio. Van cargados con un par de cubos que cuelgan de cada lado del cuerpo al estilo asiático. Clonados por el arte contemporáneo, se llaman todos como Hans Hummel, uno de los últimos representantes del gremio. Cada portador encontró una empresa pública o privada que lo apadrinó por 4000 euros y dio una identidad a su traje. Los autores de los vestidos cromáticos (el único detalle que los diferencia visualmente) abarcan artistas reconocidos, niños de empleados y clientes anónimos. Inicialmente destinados a cumplir un solo año de vida, su éxito popular les ha permitido ser indultados un par de años más. Cuando la ciudad se resigne a ponerlos en venta y sus dueños acepten subastarlos, el beneficio de la recaudación servirá para ayudar a los sin techos (las ciudades ricas no son exentas de miseria aunque pase más desapercibida). Después de la subasta solidaria, los portadores que permanezcan en Hamburgo - una ciudad que cuenta más puentes que Venecia, Londres y Ámsterdam juntos -, seguirán haciendo las delicias de los fotógrafos del mundo entero. Copyright texto y foto: Nelisa
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