La primera vez
que me hablaron de Stuttgart, hace ya varios años, no podía ni
situarla en el mapa. Sabía que está en Alemania, y que es cuna de
los lujosos Mercedes y Porsche, pero nada más. De la mano de un
alemán encantador, llegué a Stuttgart con bastante curiosidad, pero
sin esperar ver nada extraordinario. Y me llevé una gran y agradable
sorpresa...
Nada más llegar
a Stuttgart, y antes de haber visto el centro de la ciudad, mi amigo
tuvo la genial idea de llevarme a la Torre de la Televisión, un
“pirulí” impresionante de 217 m. de altura. Subimos a la plataforma
panorámica, y me dijo:
- "Te presento mi ciudad: Stuttgart”.
Ante mí
tenía unas maravillosas vistas: una gran extensión verde compuesta
por densos bosques, suaves colinas y algunas zonas edificadas,
salpicadas entre dichas zonas verdes.
-“Pero, ¿dónde está Stuttgart?”
le pregunté un tanto desconcertada.
-“Ahí abajo, eso es Stuttgart.
Mira, eso es el centro, es muy bonito, luego te lo enseñaré. Y allí
está mi barrio”.
Llena de asombro, pregunté:
-“Entonces, ¿los
distintos barrios de Stuttgart están separados entre sí por
bosques?”
A lo que él, lleno de satisfacción contestó:
-“Sí,
Stuttgart es una ciudad muy verde. Como ves, está rodeada de bosques
y viñedos, pero además hay unos parques y jardines estupendos en el
centro.”
Si la primera
impresión ya fue buena, las siguientes sensaciones fueron incluso
mejor. Desde la Torre de la Televisión nos dirigimos directamente a
la Plaza del Palacio, en el corazón de Stuttgart. Y allí fue donde
perdí el mío. No sólo me enamoré del encantador alemán, sino también
de su encantadora ciudad.
Era verano, y la inmensa plaza estaba
repleta de gente tumbada en el césped, tomando el sol.
Mirase donde
mirase, sólo veía cosas bellas: un elegante palacio barroco frente a
un castillo renacentista, las torres de una iglesia de estilo gótico
tardío, varios edificios de estilo modernista alemán, un edificio
clásico con forma de templo griego, dos hermosas fuentes con agua
cristalina donde chapoteaban varios niños,..., y en el centro de
aquel singular conjunto arquitectónico adornado con césped y flores,
una columna conmemorativa, coronada por una bella estatua de la
Diosa Concordia.
Nunca antes había visto tanta armonía en una plaza
donde convivían tan diversos estilos. Justo detrás del llamado
Palacio Nuevo, admiré los Jardines del Palacio, sencillamente
maravillosos, así como la famosa Ópera de Stuttgart. Y junto al
llamado Castillo Antiguo, en la coqueta Plaza Schiller, probé unas
moras y frambuesas deliciosas en el mercado de flores, frutas y
verduras que ponen todos los martes, jueves y sábados.
Por supuesto,
en Stuttgart hay muchas más cosas interesantes para ver, pero
prefiero no contaros más, y que las descubráis por vosotros
mismos...
¡Un cariñoso
saludo para todos los lectores de
www.nelisa.net!